domingo, 30 de enero de 2011

Nota 1


 Una criada llama a la puerta de la alcoba en la que Camille ha sido acomodada, y sin decir nada, le entrega un sobre cerrado que contiende la siguiente nota:




Queda de pie, mirandola, en silencio.

martes, 25 de enero de 2011

10


Querida Ariane:

¡Dios mío! Leo y releo tus líneas, me ruborizo y te censuro ¡cómo te has permitido eso!, ya quisiera que estuvieras más cerca para reprenderte fervientemente. Realmente no puedo concebir que te hayas dado esos lujos ¿Mira si ahora no te quiere como esposa? ¿Y si era una prueba y las has fallado? Me duele reprenderte, lo sabes, pero como amiga tengo el deber de decirte que lo que has hecho no es propio ni decoroso, muchos menos correcto. Sé que las culturas son diferentes, pero no creo que a ese punto ¿Es que no te preguntas qué pensará él de tu comportamiento? Sé que habrá sido romántico, como en los libros y las obras, pero debemos tener cuidado, porque esta es la vida real. A pesar de eso, te noto interesada en él, veo que tu percepción de ese atrevido ha cambiado y eso sí es lo justo, ya que será tu marido (si es que aún no lo has espantado), y esos nuevos aires comienzan a sentarle a tu espíritu (quizás demasiado) eso quita la sombra de mis días, pues tu dicha es mi dicha, amiga.

No he vuelto a ir al teatro, pero lo que me cuentas de Cosette es tremendo ¡yo nunca me entero de nada! Vivo en y para esta casa, son casuales mis oídas, espero que ese inglés no sea tan frío como Lucien dice que son todos ellos, pobre de ella sino. Veré si me comentan algo más de su vida, así te la remito, por lo pronto no sé más nada, fuera de que su actuación fue tan magistral como siempre, no pude hablarle ni felicitarla por ir del brazo con Julien ¡Qué tonta he sido!

Lucien ha decido quedarse una semana más, igual pasa poco tiempo en la casa, me deja en compañía de Claire y se va con sus negocios, a veces nos acompaña, prefiero que no lo haga, ya que siempre habla él y me deja callada, sé que tengo poco que decir, últimamente mi vida son sólo ilusiones que a nadie más que a ti puedo contar y que trato de sosegar. Estuve pensando en lo que me adviertes sobre esta niña y mi marido, lo he pensado mucho, pero creo y espero que sea solamente esa necesidad apremiante de conseguirme una amiga para que lo deje tranquilo con sus cosas y no lo moleste, no creo ser una mala esposa o darle motivos para semejante bajeza de todas maneras tendré los ojos abiertos y me preocuparé por servirle como debo.

Ese último detalle me lleva a contarte que, por más que piense a diario en Julien, he decidido no tener más contacto con él. Lo he evitado deliberadamente, incluso ayer en la tarde, cuando vino por su hermana sólo le dirigí la palabra lo justo y necesario y me retiré rápidamente ¡estaba tan radiante!, me atrevería a decir que al notarme tan fría su semblante cambió, se ensombreció, supongo que sólo es una idea mía y un reflejo de mi sentir. Hoy Lucien los ha invitado (a él y a su hermana) a dar un paseo y me he excusado para no verlo. Ellos están paseando y yo escribiéndote, creo que es lo mejor. Debo dedicarme a mi casa, a mi esposo y a mis quehaceres como siempre he hecho y dejar las pasiones para el arte y para tus viajes en carruaje, esa vida no está hecha para mi no sé en qué pensaba no lo sé, pero sea lo que sea se ha acabado.

Tenía para estrenar hoy un precioso vestido verde esmeralda con el sombrero a juego que encargué el día que ese carruaje te llevó al barco, ha quedado ahí, sobre la cama, no he dejado que la criada lo saque, al menos quiero verlo, ya que no puedo usarlo me consuela saber que nada ha pasado a mayores y que podré aprovechar que Lucien se queda conmigo para encausar mi mente.

Creo que viajaré a la boda con tu madre, no quiero perderme tu gran momento y los detalles que tanto resguardas. Mañana, cuando pueda decir que me siento mejor, iré a verla, dudo que Lucien tenga alguna objeción.

Espero prontas noticias tuyas, querida que no tarden en llegar

Con cariño,
Camille
sábado, 8 de enero de 2011

9


Querida Camille:


Tu carta me llena de desasosiego, ni se te ocurra la sola idea de confiar en Claire... por la manera en que la describes, por su cercanía contigo y con Lucien sobre todo.... no pienso nada bueno de ella. Sé que estoy muy lejos, que mis palabras no tienen fundamento alguno, pero no me gusta que de repente sea tan cercana ¡Qué descarado el de Lucien! Animarse a salir tanto, coincidiendo siempre con que ella también sale. ¡No me gusta Camille! Ten mucho cuidado mi querida amiga.


¡Cosette! ¡La viste! Adoro a esa mujer, su porte, su vanidad, su seguridad en sí misma.... la he envidiado muchísimas veces. ¿Hablaste con ella al terminar la función? dicen que está medio liada con un caballero inglés. ¡No te lo dije! ¡Con el embrollo de mi marcha se me olvidó contarte un cotilleo de última hora! Antes de marcharme, una de las criadas, conocedora de mi admiración por Cosette, me comentó que su hermano servía en la casa de ese inglés y que ella era muy temperamental. Al parecer hubo una discusión muy acalorada. No puedo evitar sonreír al imaginarla, a ella, que tantas veces nos ha hecho derramar lágrimas en el teatro.


Con respecto a las manos de Julien y las tuyas, mi sentido me llama a reprenderte alarmantemente ¡Cómo es posible! Dejar que ese hombre te estreche las mano ¡Y con fervor! ¡Camille! ¡Eres una mujer casada!


Sin embargo, mi corazón me dice que te dejes llevar, te siento tan alegre cuando hablas de él que no me importaría que fuera más impetuoso y te sacara de ese lugar dónde Lucien te tiene encerrada. Sí, sé que no debería decirlo, pero querida mía, mi querida amiga... mereces más.... mereces vivir... ¡Vive!


Sobre mis momentos apasionados, no padezcas querida, no han vuelto a pasar ningún momento de alcoba, Otso ha vuelto a ser el mismo silencioso y soso de siempre, solamente nos vemos cuando está padre delante, y rara vez me dirige la palabra. Las pocas veces que estamos asolas es un hombre completamente diferente. Creo que se siente cohibido por la presencia de Padre.


A mí tampoco me gusta que me llame Diosa de los muertos, o algo semejante, pero ese tono, ese momento... creo que en ese momento sentí algo de amor, o fervor, no consigo diferenciarlos con esa mirada siempre clavada en mi cuerpo.
¡Decírselo a mi padre! ¿Explicarle que muy avanzada la noche, terminé en su alcoba? ¡Dios mío! Imposible Camille, no podría decírselo, se me caería la cara de vergüenza, me sonrojo cada vez que me recuerdo allí dentro.


Así que tengo pensamientos pecaminosos, no puedo evitar reírme, quizás sí, quizás mis pensamientos sean más pecaminosos que los de Otso. Sin embargo su comportamiento me resulta excitante, tan vasto, tan primitivo y tan parco en palabras.


Ayer lo convencí para que nos acercáramos a la ciudad más cercana y buscar un vestido para mí.


Me dijo: - No puedo servirte de mucha ayuda, mi madre falleció prematuramente, carezco de hermanas  - algo que yo ya sabía porque Padre me contó un poco su historia antes de llegar al castillo - las preferencias femeninas me son muy lejanas.


Le respondí que necesitaba saber qué opinaba mi futuro esposo de mis gustos. Creo que estaba flirteando en aquel momento, aunque no fui consciente de ellos (te lo prometo, sabes que o soy ninguna fresca) él sonrió y asintió. ¡Camille! tiene una hermosa sonrisa, con dos hoyuelos perfectos. No la había visto aún.


Padre se quedó y fuimos ambos, a solas, a buscar unos vestidos adecuados a éste clima ¡Y zapatos! ¡Sabes cuánto adoro los zapatos!


¡Voy a intentar trascribirte todo lo que pasó en ese carruaje! Aun a riesgo de resultar pesada y extensa. ¡Necesito contártelo!


- Van a venir muchos de mis familiares, así que creo que tendrás que utilizar mi nombre, ese nombre que no sé si recuerdas y que es el mío. – Le dije rompiendo el silencio de los primeros minutos de viaje.


- Lo recuerdo perfectamente.


- Dilo.


- No.


- ¿Tan feo te resulta mi nombre?


- Tu nombre no es ese. Ya te expliqué por qué ¿Lo recuerdas? - y sus ojos, de nuevo, palpitándome.


- Lo recuerdo. - Sentí calor en mis mejillas, sentí el sonrojo por todo mi rostro.
Después de un largo e intenso silencio me susurró de nuevo.


- Está bien, sólo por unos días, te llamaré como quieras. Pero no volveré a pronunciar ese nombre. ¿Satisfecha?
- No lo sé. – Aunque aquella respuesta no era por su pregunta sino por éste matojo de situaciones en las que me siento muy confusa.


Me miró, creo que me miró como si me quisiera, no sabría cómo explicártelo… me miró… como se mira a alguien que amas. Me tomó de la mano (mi mano desnuda, mi mano fría, mi mano sin guante alguno) y se acercó a mí, como la otra noche, sin siquiera pensarlo.


- Tuonella no te preocupes, todo saldrá bien… es sólo que… siempre he estado solo… y no me acostumbro a ver algo tan hermoso tan cerca de mí.


Me besó, yo no quería mirarlo cuando me susurraba todo aquello, no quería, pero su mano…y entonces me besó y ahora me sonrojo, porque creo que no te gustará, pero necesitaba contarte, hacerte partícipe de ese momento tan extraño para mí. Sus labios, carnosos y tibios entre los míos, una y otra vez hasta que llegamos a la ciudad. Estoy asustada.


Con cariño:






Arianne






P. D: Los preparativos de la boda van muy bien, he invitado a todos los que he podido, quiero que vean mi castillo y presumir, aunque sea una vez. ¿Puedo ser vanidosa al menos una vez? No quiero contarte nada más ¡prefiero sorprenderte!


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Otso

Otso
(Eicca Toppinen)
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